Si algo no soportaba era la incompetencia.
¿Cómo era posible?
Hacía Rhonda un esfuerzo sobrehumano por no soltar un escupitajo en la cara del director. Apretaba fuerte los puños mientras alzaba la voz.
A falta de respuestas, salió de la oficina dando un portazo que hizo temblar los cristales y a los presentes.
Maldiciendo caminó rápido, cuando de pronto tropezó con algo.
-¡Fíjate por dónde vas imbe...oh, Aleph-
Sus mejillas se encendieron y la rabia, milagrosamente se esfumó en cuanto Aleph le mostró su sonrisa encantadora.
Definitivamente, aquella mañana Aleph había impedido que con su carácter explosivo, Rhonda asesinara a alguien.

